Mi querida y admirada
Sofía me reta oficiosamente a continuar un meme de esos que ella odia tanto como yo. Sé que no es un reto, no va en su estilo, si no más bien un ahí lo dejo caer por si el Eme lo recoge. Y el tal Eme, que es un servidor y siempre ve la botella medio llena, a pesar de darle la razón
a sus razones y a todas las que después he leído de aquéllos que menciona, sumo a todas ellas otros 5 millones más de razones para largarme de aquí si no fuese porque hay una más poderosa que me retiene: la capacidad de intentar que no sea así.
La capacidad de no dejarme llevar por los cantos de sirena mediáticos-apocaplíticos que se empeñan en mostrarnos lo negativo para que caigamos en el desánimo y prefiramos decir aquello de: total para que va a servir, si todos son iguales, para que caigamos en definitiva en el desentendimiento de lo público cual idioté helénico.
Prefiero quedarme para moverme, para ver como otros se mueven y
moverme con ellos, para poder ayudar a mis hijos a encontrar aquello que les permita realizar su futuro aquí.
Prefiero creer que podemos ser capaces de cambiarlo,
de llevar a la calle lo que pedimos en la red, de que muchos compartimos intereses, de que aún hay gente que
que prefiere morir de pie a vivir de rodillas.
Me quedo para poder ver, con los míos, el horizonte.